¿CÓMO SIGUE LA VIDA DE UN HOMBRE VIOLENTO?
- Equipo elemental

- 6 jul 2024
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Un grupo de especialistas de la UNLaM estudiaron a un grupo de hombres que accedieron a un tratamiento de rehabilitación tras ejercer violencia contra sus parejas, con el fin de descifrar los cambios de comportamiento y la mirada hacia el futuro.
En la madrugada del 10 de febrero de 2010, Wanda Taddei fue asesinada por su esposo, el músico Eduardo Vázquez. La roció con alcohol y le prendió fuego. Al ver las quemaduras que le había causado, la llevó al hospital donde falleció 11 días después. Vázquez fue condenado a 18 años de prisión por homicidio agravado por vínculo matrimonial, término que se utilizaba en aquel momento.
Luego de varias denuncias del movimiento feminista se logró una modificación en el Código Penal y el término “femicidio” comenzó a utilizarse.
Catorce años después, se realizaron más de 33.000 denuncias. Y se calcula que la violencia física y psicológica en Argentina desde 2021 hasta 2024 ha aumentado un 45%.
Para tratar esta problemática, primero hay que ir a la raíz: estudiar la relación de los hombres con la violencia. ¿Por qué recurren a ella? ¿Qué se puede hacer para cambiar el patrón? ¿Existe un futuro donde la violencia de género no esté presente?
El sociólogo argentino y actual investigador de Criminología y Sociología Jurídica en la Universidad de Oslo, Martín Hernán Di Marco, dirigió una investigación radicada en UNLaM, que intenta responder estos interrogantes, bajo el nombre: “Procesos de cambio y resistencia en varones agresores hacia sus parejas: un estudio cuantitativo y cualitativo en el área metropolitana de Buenos Aires”.
El trabajo recopila y analiza los resultados de 28 entrevistas realizadas a hombres argentinos de entre 18 y 52 años, que fueron agresores de sus parejas, 78% de los cuales está judicializado. La investigación se centró en analizar el proceso. Consistió en una investigación acerca de los cambios que ocurren en hombres agresores, centrándose en el por qué y cómo dejan de vincularse con la violencia.
Inicialmente, los entrevistados mostraron desconfianza, resistencia y victimización. Para muchos, los sucesos de violencia todavía se sentían cercanos y aún se encontraban atravesando el duelo de la perdida de sus “proyectos de vida”. Sus reflexiones fueron ambivalentes y no lineales, no todos estaban dispuestos a hablar.
“Los varones dentro de dispositivos son mucho más reacios a participar en parte porque todavía discuten la categoría ‘violento’, hay negación del evento entonces la predisposición es diferente”, explica Di Marco.
En las entrevistas aparecieron dos elementos comunes que se repetían en los relatos. Primero, la culpabilización de la víctima: según ellos, la mujer “corrompe la armonía del vínculo” y la violencia es la respuesta lógica del varón. Segundo, el uso del estado emocional como excusa: los hombres utilizaron frases como “me desbordé”, “se me soltó la cadena” para justificar las acciones y disminuir la responsabilidad personal.
Según el sociólogo, “no tienen otra forma más que la agresión, no pueden procesar el sentimiento y la misoginia es un gran protagonista en casos de violencia”. Para él, “la inhabilidad de trabajar en sus emociones de manera sana le sucede a la mayoría de los hombres”.
“Si estamos acostumbrados a irnos a las piñas para arreglar las cosas… ese es el problema”, reforzó Di Marco.
Se desprende del trabajo que algunos agresores tuvieron relatos esperanzadores. Coincidieron con un mayor distanciamiento temporal de los hechos de violencia y con un proyecto de vida más sólido. También poseían una mejora en la relación con su familia y
una valoración muy positiva de las instituciones.
La discusión sobre el futuro fue clave para diferenciar los modos de dar sentido a sus relaciones y dar cuenta de lo relevante que fue el ejercicio de violencia en sus vidas. En el caso de varones que llevaban solo dos o tres meses dentro de las instituciones, las respuestas estaban vinculadas a un “otro”: una mejor elección en la pareja. Según la investigación, esto resulta problemático ya que se “desligan” de la responsabilidad de sus actos.
En cambio, los varones que llevaban más de unos meses mostraron un deseo de cambiar su “destino”, y también, “sabían a quienes no se querían parecer”.
Por último, los agresores que llevaban más de un año recibiendo ayuda del dispositivo, vincularon el futuro con ser “una mejor versión de sí mismos”. El informe también mostró la actitud de los agresores que son padres: reflexionaron sobre sus infancias, revisando con claridad los hechos traumáticos que atravesaron y no desean reproducir.
Consultado sobre cuáles serían las mejoras posibles para evitar nuevos casos de violencia, Di Marco apuesta a las “variables sociales y los cambios sistemáticos, además de las instituciones que insiste tienen que estar presentes”.
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