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EL PODER DEL K-POP

  • Foto del escritor: Valentina Arcamone
    Valentina Arcamone
  • 18 nov 2025
  • 6 Min. de lectura
Imagen del show del grupo P1HARMONY en Buenos Aires
Imagen del show del grupo P1HARMONY en Buenos Aires

De la crisis económica a la conquista planetaria, Corea del Sur transformó su industria cultural en una estrategia nacional. Hoy, el K-pop mueve millones, moldea identidades, conecta fans y redefine la cultura global. Una investigación del CONICET explica su impacto en la Argentina.


Corea del Sur tuvo una revolución planificada, hace apenas tres décadas era un país en reconstrucción, marcado por la pobreza y las secuelas de la guerra. Hoy, su cultura pop domina las listas globales y su influencia atraviesa fronteras geográficas, lingüísticas y generacionales.


El K-pop —acrónimo de Korean Pop (Pop Coreano)— es la cara más visible de esa transformación. Lejos de ser un fenómeno espontáneo, fue el resultado de una decisión política: convertir la cultura en motor económico y social.


PIB por habitante (PPP, dólares de 2017)Fuente: Banco Mundial (2021).
PIB por habitante (PPP, dólares de 2017)Fuente: Banco Mundial (2021).

Tras la crisis asiática de 1997, el gobierno surcoreano impulsó la llamada Hallyu o Ola Coreana: una estrategia de desarrollo basada en exportar productos culturales —música, series, cine, moda y gastronomía— como nueva fuente de ingresos y prestigio internacional.


Según el estudio “Star Creation: K-pop and Korean Economy” (ResearchGate, 2023), esta política multiplicó las exportaciones culturales hasta superar los 10.000 millones de dólares anuales, y el K-pop hoy representa cerca del 0,3 % del PBI nacional, una cifra comparable al impacto de la industria automotriz.


“El K-pop es una economía cultural basada en la emoción y el capital simbólico”, sintetiza Grit Kirstin Koeltzsch, la autora de Korean Popular Culture in Argentina, al describir cómo el entretenimiento se convirtió en una herramienta de poder. Corea del Sur entendió que su recurso más rentable es la creatividad, y el K-pop, su embajada más eficaz.


De la industria al ídolo

El K-pop, no solo combina sonido y espectáculo, es una maquinaria cultural altamente profesionalizada. Como explica la Hong Kong Baptist University (2021), los idols son formados durante años donde aprenden canto, baile, idiomas, actuación y manejo escénico.

Las grandes empresas cómo HYBE, SM, YG y JYP funcionan como verdaderas fábricas de talento global. Cada grupo es concebido como un proyecto artístico integral, con una identidad visual, narrativa y emocional planificada al detalle.


BTS es el ejemplo más claro. En 2021, el grupo habló por tercera vez ante la ONU, como representantes de la juventud global y el gobierno surcoreano, en un gesto que reafirmó su poder cultural y simbólico. Según el Hyundai Research Institute, BTS aporta más de 5 mil millones de dólares anuales al PBI del país, un impacto comparable al de una empresa multinacional.


Buchholz, K. (2019) How Much Money Does BTS Make for South Korea? Statista
Buchholz, K. (2019) How Much Money Does BTS Make for South Korea? Statista

“El K-pop no exporta ídolos, sino una forma de ciudadanía emocional y digital”, explica la antropóloga Koeltzsch, al destacar que la industria combina disciplina, innovación y sensibilidad emocional para proyectar una imagen moderna de Corea.

BTS en la Asamblea General de la ONU (2021).
BTS en la Asamblea General de la ONU (2021).

Relaciones digitales y política afectiva

Una de las claves del éxito del K-pop es la cercanía emocional entre ídolos y fans. A diferencia de otras industrias musicales, el K-pop cuenta con plataformas exclusivas de livestreaming y chat, como Weverse o Bubble, que permiten una comunicación directa e inmediata. Los artistas hacen transmisiones en vivo, leen mensajes y responden comentarios en tiempo real. Esta interacción genera una sensación de intimidad constante que refuerza el vínculo afectivo.


Según el estudio From Screens to Souls (ResearchGate, 2024), este tipo de contacto crea relaciones parasociales, es decir, vínculos unilaterales que se perciben como recíprocos y reales. Los fans sienten que acompañan a sus ídolos, y los ídolos, a su vez, responden con mensajes que fortalecen esa conexión emocional. “El fandom del K-pop no es pasividad: es una estética de la acción colectiva”, sostiene la doctora en Ciencias Sociales. Lo que antes era “histeria de fans”, hoy se lee como una nueva forma de ciudadanía digital, donde las emociones se transforman en acción política.


Durante el movimiento Black Lives Matter, miles de fans inundaron hashtags racistas para bloquearlos, recaudaron dinero para organizaciones afroamericanas y convirtieron la emoción en una práctica de compromiso social.



Momento en el que Jungkook, miembro de la banda BTS, se quedó dormido en una transmisión en vivo en la plataforma Weverse, mientras lo miraban casi 7 millones de personas.
Momento en el que Jungkook, miembro de la banda BTS, se quedó dormido en una transmisión en vivo en la plataforma Weverse, mientras lo miraban casi 7 millones de personas.

La expansión argentina

A 18.000 kilómetros de Seúl, el fenómeno también encontró tierra fértil. En Argentina, el K-pop pasó de ser un gusto minoritario a un movimiento cultural masivo y transversal.

Como señala la investigadora del CONICET, el fandom local funciona como un espacio de intercambio cultural y construcción identitaria. El ejemplo más reciente de esa fuerza colectiva es el show del grupo P1Harmony en Buenos Aires, que se realizó el 27 de octubre de 2025 y se convirtió en el recital de K-pop más grande en la historia del país. La productora encargada de traer al grupo no había incluido a Argentina en su gira, pero gracias a que los fans coordinaron campañas digitales, posicionaron hashtags y reunieron apoyos, se confirmó la fecha en el país. Esa organización marcó un antes y un después en la difusión del género en Argentina: una victoria impulsada por la acción colectiva y el poder del fandom.


Poster oficial del show de P1HARMONY en Argentina.
Poster oficial del show de P1HARMONY en Argentina.

Pero el impacto no fue solo para el público, también transformó a los propios artistas: los miembros de P1Harmony declararon que había sido “el mejor show de sus vidas” y que no podían creer lo que estaban viviendo sobre el escenario. Este fue el primer contacto de un grupo de K-pop de tal magnitud con el público argentino, y la sorpresa fue mutua. Durante toda la noche, los integrantes se mostraron asombrados por la intensidad, el canto y la energía del público, al punto de sacar sus propios teléfonos personales para grabar el momento desde el escenario.


Video del momento en el que los miembros del grupo comienzan a grabar al público

Visiblemente emocionado, Jiung, uno de los miembros, expresó su incredulidad ante la euforia argentina. Con una mezcla de indignación y ternura, se preguntó por qué el grupo había tardado cinco años en presentarse en Buenos Aires y prometió que tratarían de volver tan pronto como pudieran, además de que agradeció a los fans por convertir ese recital en “la mejor fiesta de los cinco años” del grupo, ya que el show coincidía con el aniversario de su debut, y aseguró que nunca olvidarían lo vivido esa noche.



Video del discurso final

La conexión fue tan intensa que el recital se extendió unos veinte minutos más de lo previsto, simplemente porque los artistas no querían despedirse. Entre gritos, lágrimas y promesas de reencuentro, la noche de P1Harmony en Buenos Aires confirmó que el K-pop en Argentina dejó de ser una tendencia para convertirse en una experiencia compartida entre artistas y fans: una celebración colectiva que desbordó la música.


Resumen del show
“El K-pop redefine la idea de ciudadanía cultural”, afirma Koeltzsch, y los fandoms argentinos son prueba viva de ello.

Más que música: identidad, humor y política

El K-pop no es solo entretenimiento, sino una red que produce pertenencia, comunidad y acción política. Muchos jóvenes encuentran en ella un lugar donde sentirse comprendidos, hacer amigos y construir identidad. Los fandoms funcionan como redes de apoyo emocional, creativo y social: el espacio donde “encuentran su lugar en el mundo”.


Las canciones de grupos como BTS se usan en protestas globales por la igualdad o el cambio climático, pero también surgen apropiaciones locales. Un ejemplo emblemático es la cuenta argentina ARMYs Peronistas, que combina humor político y fanatismo. En sus redes, memes y consignas mezclan referencias del peronismo con el lenguaje del fandom, demostrando cómo lo popular y lo político pueden convivir en un mismo gesto cultural.

“Los afectos circulan como mensajes políticos”, explica Koeltzsch y agrega: “Compartir un video, un hashtag o una donación es también una declaración de pertenencia”.


En esa dinámica, el K-pop actúa como laboratorio de nuevas formas de vida política: una micropolítica del cuidado, la empatía y la organización digital.


Cuenta de X (Twitter) de Armys Peronistas.
Cuenta de X (Twitter) de Armys Peronistas.

Cultura que transforma

La historia del K-pop demuestra que la cultura puede cambiar el destino de un país.Corea del Sur transformó una crisis en oportunidad, al convertir el arte en motor económico y símbolo de identidad nacional. Pero también muestra algo más profundo: el poder de las emociones, de la comunidad y del trabajo colectivo.


Desde Buenos Aires hasta Seúl, millones de jóvenes comparten un mismo idioma, el de la música que une, moviliza y redefine el futuro de la cultura global. El K-pop es una prueba viviente de que la cultura, cuando se comparte, puede transformar el mundo.


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