ELIJO CREER: ¿A QUÉ COSTO?
Las fake news se propagan rápidamente en las redes sociales y tienen consecuencias reales. El movimiento antivacunas es uno de los ejemplos más claros de cómo la desinformación puede afectar a toda la sociedad.
¿Cuántas veces un familiar compartió en el grupo de WhatsApp un video de TikTok de alguien que aseguraba tener la verdad absoluta sobre algún tema?
Quizás viste una de esas publicaciones en redes sociales que prometen revelar información que supuestamente médicos, científicos o periodistas intentan ocultar.
Escenas como estas se repiten todos los días. En una época donde millones de personas consumen información a través de plataformas digitales, una publicación puede recorrer el mundo al instante sin que nadie verifique la veracidad. La rapidez con la que circulan los contenidos convirtió a la desinformación en uno de los principales desafíos de esta era.

El magíster en Cultura y Sociedad de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), Santiago Fuentes explica que las fake news suelen surgir “de manera intencional” para desinformar o instalar determinadas tendencias. Sin embargo, el alcance depende de quienes las comparten. “Hay gente que lee una noticia y, por querer ser la primera en compartirla, la difunde sin comprobar su veracidad”, afirma.
Además, las redes sociales dificultan distinguir entre información y entretenimiento, ya que “en un mismo espacio aparece un meme, un video humorístico y una noticia que parece seria”. Para enfrentar este problema, resulta fundamental fortalecer la alfabetización digital, así como enseñar desde edades tempranas a “verificar noticias, reconocer fake news y analizar las fuentes de información”.
En esa misma línea, el docente hace énfasis en los peligros que puede causar la propagación de información falsa, ya que “una ciudadanía responsable necesita estar bien informada para poder tomar decisiones” y agrega que “existe el riesgo de que se tomen decisiones basadas en rumores y no en hechos”, factor que “puede influir incluso en la legitimidad de los gobiernos elegidos”.
El impacto de las fake news
Las fake news tienen peso en decisiones personales, modifican percepciones sobre temas sensibles y alimentan movimientos que expanden sus discursos a través de Internet. Uno de los casos más visibles y peligrosos es el fenómeno de los grupos antivacunas, a través de la viralización de mensajes que cuestionan la seguridad y eficacia de las vacunas.
Según datos difundidos por el perfil de Instagram Ciencia Anti Fake News, la cobertura de la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas, alcanzó el 83,2% en la primera dosis, pero descendió al 46,7% en la segunda. La preocupación no es menor ya que durante 2024 se confirmaron 35 casos de sarampión en Argentina, una enfermedad que se encontraba bajo control.

La situación también genera preocupación en relación con la poliomielitis. Aunque Argentina no registra casos desde 1984 gracias a la vacunación, el refuerzo correspondiente a los cinco años cayó del 90,3% en 2022 al 47,6% en 2024.
Según la OPS y la OMS, la disminución de las coberturas favorece la reaparición de enfermedades que habían sido eliminadas o controladas, una señal de alerta para la salud pública.
Cada vez más antivacunas
El crecimiento de los grupos antivacunas podría estar relacionado con la forma en que circuló la información durante y después de la pandemia. En este sentido, la investigadora de la UNLaM y licenciada en Enfermería Marlene Liporace sostuvo que la vacuna contra el COVID-19 “generó mucha desconfianza en la sociedad por la manera en la que se fue difundiendo la información”. “Personas que antes no eran antivacunas se han sumado a esta nueva cultura”, subraya.
Para la especialista, las redes sociales ocupan “un lugar central” en la expansión de estos discursos. Al ser consultada sobre el papel de estas plataformas señala que “muchas veces la sociedad o estas culturas se dejan llevar por desinformación más que por información”.

La influencia de determinados perfiles puede tener más peso que la evidencia científica al momento de formar opiniones. “Una de las creencias más extendidas es que las vacunas están relacionadas con el autismo”, sostiene Liporace. Dentro de estos grupos también circulan afirmaciones que sostienen que las vacunas “producen enfermedades en los niños”, que son “antinaturales” o que “generan debilidad en el sistema inmunológico”.
Las consecuencias de la desinformación pueden observarse en situaciones concretas. Al recordar la experiencia en terapia intensiva pediátrica, la profesional relata que atendió a niños con enfermedades prevenibles si se vacunaban, como por ejemplo un caso de internación por sarampión debido a que una madre había decidido no vacunar al hijo por el “boca en boca” de vecinos y familiares.
Combatir la desinformación requiere mucho más que difundir información correcta. También, implica fomentar el pensamiento crítico, enseñar a verificar fuentes y promover un uso más responsable de las redes sociales. En un contexto donde las fake news circulan con rapidez, se elige creer sin verificar la información.





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