TRES VIRUS, UNA DEBILIDAD
- Julieta Leaños

- hace 4 horas
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Un hallazgo, realizado por investigadores del CONICET, revela un mecanismo esencial para la replicación de los virus transmitidos por el mosquito Aedes aegypti. Este avance podría acelerar el desarrollo de tratamientos efectivos contra enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya.

¿Te acordás del verano del 2024? Bastaba con solo estar unos minutos en una plaza o cualquier lugar con un poco de verde, para estar rodeado de una nube de mosquitos. Mientras los repelentes desaparecían de las góndolas y muchas farmacias y perfumerías limitaban su venta a una unidad por familia, comenzaron a multiplicarse las alternativas caseras y más económicas, elaboradas con citronela.
Ese verano, Argentina vivió su temporada más crítica con 583.297 casos confirmados y 419 personas fallecidas en todo el país. Mientras tanto, en el resto del mundo, alrededor de 400 millones de personas aún hoy viven en regiones donde el dengue, el Zika y la fiebre amarilla ya son moneda corriente. Ahora, son virus endémicos que circulan de forma sostenida en América Latina.

Hace 25 años, la viróloga Andrea Gamarnik fundó el laboratorio de la Fundación Instituto Leloir y comenzó a investigar el virus del dengue. El equipo descubrió el mecanismo que usa el virus para sintetizar su ARN, lo que ayudó a entender cómo el dengue aprovecha los componentes de la célula para poder multiplicarse.
Para entender la importancia del hallazgo, primero hay que conocer cómo funciona el mecanismo de replicación de los virus. Ingresan a la célula, pero no son capaces de desarrollarse por sí solos. Para lograrlo usan la maquinaria celular con el fin de copiar el material genético y así seguir multiplicándose, por lo que la infección continúa.
El dengue, el Zika y la fiebre amarilla son parte del mismo grupo llamado flavivirus. Si bien están muy relacionados y son muy parecidos entre sí, causan enfermedades distintas. “Hay aproximadamente 100 flavivirus. Dentro de ellos está el dengue, que es el más conocido, junto a otros tantos. Algunos infectan humanos y otros no”, cuenta Santiago Oviedo-Rouco, el primer autor de un paper publicado sobre el tema en la revista Plos Pathogens.
La investigación del equipo, liderado por Oviedo-Rouco, siguió profundizando en el mecanismo de los demás virus. La hipótesis principal plantea que, si son tan parecidos, quizás tienen cosas en común y las pueden aprovechar.
El proyecto también descubrió un nuevo tipo de moléculas. Hasta ahora, la mayoría de los antivirales se diseñan para actuar sobre proteínas, ya que permiten que las células y los virus lleven adelante funciones esenciales. Aun así, hay cosas que todavía no se logran hacer a través de las proteínas. Por esa razón, hasta el momento, no existen tratamientos específicos contra el dengue.
“Nosotros lo que hicimos fue sentar las bases. Es necesario buscar hacerlo contra otro tipo de moléculas como las de ARN, que son las que tienen toda la información genética. Y eso es algo que se sabía muy poquito en general para virus y que no se sabía para nada contra los flavivirus”, describe el experto. Y agrega: “Lo que demostramos es que estas estructuras de las moléculas de ARN son drogables y no solo las proteínas, lo que genera un montón de oportunidades terapéuticas”.
Sobre la continuidad de la ciencia argentina
Más allá del descubrimiento, el investigador se refiere a la crisis presupuestaria del CONICET y el ajuste en la ciencia impacta en la carrera de los investigadores.
El investigador, que hoy vive en España, plantea un contraste entre los años de mayor inversión y lo que sucede en la actualidad. “Del 2023 en adelante, con el cambio de gobierno, la situación cambió muchísimo, pero no solo la presupuestaria, también la anímica y la valoración que se hacía de nuestro trabajo. De repente, en las campaña presidencial, había un área del gobierno que estaba diciendo que tenía que desaparecer nuestro sector”, considera Oviedo-Rouco.

El Instituto Fundación Leloir cuenta con el privilegio del financiamiento internacional. Aún así, otros laboratorios no tienen la misma posibilidad, lo que desemboca en la imposibilidad de ofrecer trabajo a más investigadores.
“No es solo la plata para los reactivos, sino los recursos humanos, que está cortándose muchísimo. Mi pareja y yo, que trabajamos y decidimos buscar, al menos por un tiempo, oportunidades en el exterior, porque quedarnos en el país significaba dejar nuestra carrera académica”, denuncia.
A pesar del ajuste presupuestario, la ciencia argentina sigue produciendo descubrimientos de impacto internacional. Aunque todavía resta un largo camino hasta que este proyecto pueda traducirse en un antiviral disponible para los pacientes. El hallazgo aporta una nueva estrategia para combatir a los flavivirus y abre la posibilidad de tratamientos capaces de actuar contra múltiples enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti.




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