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LA LITERATURA COMO HERRAMIENTA REVOLUCIONARIA

  • Foto del escritor: Ariana Gala Lo Cascio
    Ariana Gala Lo Cascio
  • 19 nov 2024
  • 4 Min. de lectura

¿Cómo son representadas las mujeres? Desde el siglo XIX, las autoras argentinas utilizaron

la literatura para reflejar lo femenino, cuestionando las normas sociales impuestas a las

mujeres.


Al ver llegar a su esposo, Rosalía cierra sus ojos para no verle la cara. Si es necesario, se

tapa las orejas disimuladamente para no oírlo. Aun teniendo una vida de lujos y un marido

que la adora, no puede evitar sentir nauseas cada vez que ese hombre traspasa la puerta.

Todos se preguntan: ¿Qué más puede pedir?, a lo que la peluquera del barrio responde que

lo que da felicidad es amar, no ser amada.


“El asco” es un cuento de la autora argentina Silvina Ocampo que refleja el conflicto entre

los sentimientos de Rosalía y el imaginario cultural de una esposa complaciente y

abnegada. De esta manera, la mujer es representada no como un objeto sino como un

sujeto complejo, repleto de contradicciones y subjetividades.



Los personajes o protagonistas mujeres no siempre son construidos desde esa perspectiva.

La investigadora del CONICET María Rosa Lojo, plantea que “en la literatura argentina,

hasta no hace mucho tiempo se registraba una presencia muy escasa de personajes

femeninos que estuvieran abordados desde su interior o que fueran algo más que

personajes vistos desde un hombre”.


Lojo remarca que “no se les puede imponer a los varones pautas para representar mujeres

ni a las autoras la obligación de escribir solo sobre la experiencia femenina”. De ser así, la

literatura debería seguir ciertas normativas y “eso mata la libertad creativa”, puntualiza la

investigadora.


“Es hora de que la mujer asuma su papel para hablar de sí misma, pero también para hablar

de los hombres, como testigo sospechoso, como siempre han hablado los hombres de

ellas”.


Estas palabras de Victoria Ocampo resuenan en la cabeza de la especialista que presagia

que “cuando esto suceda, se va a cerrar un círculo y la literatura universal se va a volver

mucho más rica, porque va a tener todas las miradas”.


¿Estamos yendo en esa dirección? A pesar de que actualmente haya una tendencia social

a leer y a incluir la perspectiva femenina, existen dos obstáculos que preocupan a María

Rosa Lojo: “Por un lado, los mandatos reaccionarios antifeministas que incluyen

operaciones de censura y, por el otro, la cultura de la cancelación de todo aquello que no es

políticamente correcto”.


Un ejemplo es lo que ocurre con los clásicos de la literatura. Algunos fueron reeditados por

ser considerados moralmente incorrectos para la época actual. En el caso de la censura al

escritor de cuentos infantiles, Roald Dahl, Matilda ya no lee a Joseph Conrad, sino a Jane

Austen. ¿Acaso las mujeres solo deben leer a mujeres?



La literatura catalogada como femenina.


Existe un estereotipo arcaico y negativo sobre el consumo literario de las mujeres que

supone que solo leen novelas románticas. Este género es desprestigiado y calificado como

simplista, pero ¿si fuera consumido por hombres, se catalogaría de la misma forma?


Las mujeres son prejuzgadas por consumir este género y de esta manera se establece una

relación entre lectoras y la mala literatura. “Esta asociación es antigua y persiste pese a los

datos estadísticos”, señala la escritora, autora también de novelas, cuentos y ensayos.


Según la especialista, estas novelas se convierten en una “ficción consoladora” ya que

siguen la idea del amor romántico como “el gran remedio para todo en la vida” y construyen un mundo en el que encontrar el marido ideal significa la solución a todos los problemas.


Top tres géneros más leídos, clasificados por su consumo entre mujeres y hombres


En tiempos en los que las mujeres están en una constante batalla fuera de sus casas,

intentando cumplir con las expectativas del mercado laboral y las imposiciones del éxito

profesional, la lectura de estas historias ofrece entretenimiento y consuelo al plantear una

realidad en la que sigue siendo posible encontrar el amor verdadero y remediar todas sus

frustraciones.


Misoginia y personajes femeninos


La misoginia, como la creación de estereotipos negativos sobre las mujeres, influye en la

construcción de los personajes ya que estos se trasladan a la producción literaria a través

de caracterizaciones que encasillan a las mujeres en conceptos como la pasividad, la

debilidad, y en los roles secundarios.


A su vez, los estereotipos también pueden reducir a los personajes femeninos de otra

manera. Lojo advierte que “si empezamos a representar personajes que tienen que

responder a características morales, heroicas, etc., estamos desnaturalizando a las

mujeres”. Por el contrario, la literatura puede ser utilizada como herramienta para visibilizar

la experiencia femenina sin caer en estereotipos reduccionistas, representándola en toda su

complejidad.


La experiencia femenina entre luces y sombras


Desde la nueva oleada feminista, las escritoras fueron puestas bajo la luz de la visibilidad y

el reconocimiento. Sin embargo, este panorama ideal no tiene una permanencia asegurada.

“A los periodos de visibilidad les siguen a veces periodos de sombra”, observa Lojo.


Pero ¿a qué se debe la revalorización de las autoras? El hecho de que las mujeres hoy

estén en un “primer plano” no es pura casualidad. Para la investigadora, “hay razones

estratégicas y comerciales porque las escritoras se están vendiendo bien, pero también

tiene que ver con oleadas de moda mundiales”.


Evolución de las ganadoras del premio Nobel de literatura


Las modas son volátiles y no prometen un reconocimiento duradero. La visibilidad actual

que tienen las escritoras y los personajes femeninos no implica su traslado a la fundación

de la literatura nacional.


“Aunque se descubran cada vez más autoras, no están en el saber general de las

personas”, reflexiona Lojo. La educación es un pilar fundamental para que las nuevas

generaciones conozcan la historia de las autoras, sus aportes a la sociedad y las diversas

representaciones de la experiencia femenina.


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Si se construyen personajes femeninos “desde adentro”, ya sea por hombres o mujeres, esa

experiencia se torna auténtica, real y con muchos (muchísimos) grises. Así lo reflejan las

protagonistas de los cuentos de Silvina Ocampo, como Rosalía, cuyas nauseas nunca

cesaron, pero sus intentos por amar a su esposo sí. Su casa fue perdiendo el brillo y se

sumió en una indiferente conformidad.


Bibliografía



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