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POR LA VIDA DEL MAR ARGENTINO

  • Luca Grosso Bruno
  • hace 7 horas
  • 5 min de lectura

La Plataforma Continental Argentina tiene un millón de kilómetros cuadrados de extensión. Es el escenario de una actividad industrial en crecimiento, pero con desafíos como la sobreexplotación y el cambio climático. ¿Las generaciones futuras podrán disfrutar de un mar con recursos abundantes?



Las frías aguas del Mar Argentino están atravesadas por buques que navegan entre Bahía Blanca y las Islas Malvinas. Allí, se extraen cada año millones de toneladas que sostienen tanto la mesa familiar como una industria de exportación millonaria. En el país, tan solo un 15% de la población consume esta proteína, mientras que el 85% del recurso es exportado principalmente a países asiáticos.

El estado de los recursos pesqueros

La corvina es una de las especies más abundantes del ecosistema compartido entre Argentina y Uruguay, por ende, una de las más capturadas. Aunque el consumo local se concentra principalmente en Mar del Plata y General Lavalle, más del 80% de su población es exportada a países asiáticos.


“Mediante modelos matemáticos y puntos biológicos de referencia, la corvina se encuentra actualmente en estado de sobreexplotación, debido a que su población ha caído por debajo del punto óptimo, lo que disparó un plan de recuperación con las medidas necesarias para frenar el declive de la especie”, explica Claudia Carozza, exdirectora e investigadora del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP).



El INIDEP emite anualmente recomendaciones de captura y actualiza la clasificación de los recursos según su estado numérico. Algunos de los recursos sobreexplotados incluyen hoy al pez palo, la corvina, la pescadilla, la merluza de cola y la negra, así como el calamar. Además, se explotan especies que no están amenazadas por la industria, tales como la raya hocicuda, el pez gallo y el tiburón.


“Después, existen recursos subexplotados que todavía permiten un incremento en la actividad pesquera, como la raya cola de caracol, la raya de orla, la anchoíta bonaerense, la anchoíta patagónica y el bacalao austral, al disponer de un excedente que no está siendo aprovechado”, agrega la especialista.


Otro caso emblemático es el de la merluza, que se divide en dos stocks o “grupos”. Los del sur del país, que se encuentran en estado estable, y los del norte, donde existe una caída de los ejemplares de la especie.

“El stock norte está actualmente bajo un plan de recuperación, que incluye la reducción de la cuota permitida de toneladas y el establecimiento de áreas de veda en zonas reproductivas”, afirma la investigadora.








Una de las mayores interrogantes para el INIDEP proviene del hecho de que “el stock del norte no se recupera incluso con las medidas establecidas” y que “los pesqueros casi no la capturan y su población sigue cayendo”.





Flotas extranjeras y geopolítica

La jurisdicción argentina en el mar se extiende hasta las 200 millas náuticas. Los buques que operan dentro de este límite están completamente regulados bajo la ley 23.968 de 1991, normativa que debe hacer cumplir el Poder Ejecutivo Nacional.


En este sentido, la académica destaca que “el problema es que los buques extranjeros, que suelen ser de origen chino, coreano y español, operan a partir de la milla 201, que es una zona que corresponde a alta mar y que, por tanto, es un espacio internacional desregulado”.


Con esta limitación en la regulación argentina, se genera una sobreexplotación de especies por parte de empresas extranjeras, como sucede en el caso del calamar, codiciado por su rentabilidad industrial debido al tamaño y su elevada capacidad reproductiva, con varias generaciones en tan solo un año.


Para abordar esta problemática se crearon Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP) que funcionan desde 1949. En la región geográfica del Atlántico Sur, cualquier normativa o acuerdo requeriría la integración obligatoria del Reino Unido debido a las Islas Malvinas, razón por la que Argentina mantiene la postura de no integrar estos espacios regionales.


“Negociar en ese ámbito implicaría afectar los reclamos de soberanía sobre las islas”, considera Carozza. De este modo, el país opta por avanzar a través de la “vía diplomática bilateral”, con acuerdos separados gestionados por la cancillería nacional con países como China y España, en un intento de regular el recurso más allá de las 200 millas.

Los desafíos en tierra

Desde hace años, los diversos organismos de investigación y desarrollo científico de la Argentina atraviesan una situación económica compleja que tiene el potencial de pausar años de indagación y estudio. Entre los casos más polémicos, se encuentra el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con más de 5.000 puestos de trabajo y 1.200 becas perdidas en 2025 debido a recortes financieros.


Sin embargo, el INIDEP está en una situación de similar gravedad, con una red de trabajo que requiere millones de dólares, con buques oceanográficos de más de 7 millones de dólares, con vital importancia para el estudio del territorio marítimo del país. Más allá de los instrumentos físicos, la organización debe tolerar salarios congelados y la baja tasa de renovación de un recurso humano que lleva más de 30 años de formación.



“Cada día de operación de un buque oceanográfico se cotiza en millones de dólares, considerando combustible, mantenimiento y tripulación, pero donde más se siente el desfinanciamiento es en los salarios, que han quedado muy desvalorizados incluso en comparación con el resto del sistema científico nacional, incluido el CONICET”, plantea la exdirectora y subraya que “muchos profesionales experimentados eligen quedarse por vocación, pero en este último periodo se están jubilando casi 30 personas”.


En base al Decreto 1148/24, firmado en 2024 por el Poder Ejecutivo Nacional, solo es posible incorporar dentro del ámbito público a una persona cada tres bajas de personal. “Esta situación dificulta enormemente la renovación generacional del conocimiento pesquero, poniendo en riesgo décadas de acumulación de datos y conocimiento que no se puede reemplazarse fácilmente”, aclara la ex funcionaria. Si bien la institución evitó retiros masivos y reincorporó a parte del personal, la problemática presupuestaria sigue vigente.

Problema en el horizonte: el cambio climático

El cambio climático representa una variable adicional de complejidad creciente para la gestión pesquera porque ya se han registrado variaciones físicas y desplazamientos en el comportamiento de ciertas especies como consecuencia de este fenómeno.


Desde 1982 hasta 2017, el calentamiento gradual del agua consiste en un aumento general de la superficie marítima de casi 2ºC. Por este motivo, múltiples especies migran hacia otras regiones, hecho que desemboca en un desequilibrio de su hábitat natural y en la pérdida comercial de toneladas de recurso para la pesca nacional.


“Evaluar con precisión el impacto real en el ecosistema marino no es una tarea sencilla, porque requiere el análisis de series temporales de datos muy extensas y continuas, principalmente variables de largo plazo como la temperatura del agua”, sostiene la científica.



En 2023, el INIDEP desarrolló el Programa Dinámica del Plancton Marino y Cambio Climático. De este modo, un grupo de investigadores del organismo, a bordo del Buque de Investigación Pesquera Oceanográfica (BIPO), analizan los efectos de la temperatura marítima en el plancton, uno de los alimentos principales de los peces en la zona, así como también exploran las consecuencias de la contaminación del agua.

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