¿Y POR QUÉ NO HABLÁS?
- Bianca Liberati
- 19 nov 2024
- 7 Min. de lectura
Una terapia fonoaudiológica diferente aborda las dificultades de la adquisición del lenguaje en la infancia a partir de la constitución subjetiva del niño.
Manuel tiene seis años y se ve como cualquier otro niño, pero no ríe, y tampoco llora. En el aula, se sienta en silencio en el fondo, y mira dispersado al pizarrón. No habla, no corre, no rompe ni desarma. La señorita de prescolar ya lo había notado, pero los padres de Manuel no lo dieron importancia. El comportamiento de su hijo era “una simple timidez”. Pero la maestra de primaria, no dudó en reportar, en reiteradas ocasiones, lo que observaba en sus clases, exigiendo una consulta profesional.
La cita con el neurólogo fue breve y las derivaciones, diversas. Psicopedagogía, psicología, musicoterapia, estimulación temprana y fonoaudiología. Esta última en particular, apuntando a su falta de comunicación. Se realizaba una vez por semana en un consultorio pequeño, lleno de escarbadientes y “guialenguas”, un instrumental similar a una aguja de crochet con un pequeño redondel en la punta que, como bien lo expresa su nombre, guía la lengua del niño a realizar el movimiento óptimo para la fonación de cierta palabra. Manuel asistió a sus sesiones de fonoaudiología tradicional durante tres meses sin demostrar cambio alguno, pues la pronunciación de las palabras no era un problema, sino la falta de ellas.
Entonces ¿Por qué no habla? O mejor aún, ¿Qué se necesita para que pueda hacerlo?
Como Manuel, hay muchos niños en la Argentina que presentan trastornos en el desarrollo del lenguaje (TDL). Según un estudio realizado por el Ministerio de Salud del país en el 2018, el 15% de la población menor a 14 años, necesitan una terapia del lenguaje.


La fonoaudióloga, psicoanalista y lingüista de la Universidad del Museo Social Argentino, Noemi Giuliani, se dedica a la atención de niños con problemas en la adquisición del lenguaje. En su obra “La terapéutica del lenguaje infantil: una mirada clínica”, Giuliani es la primera en conectar los aspectos de la adquisición del lenguaje desde una perspectiva lingüística y del desarrollo subjetivo de un niño, retomando principalmente, los aportes teóricos del lingüista Emile Benveniste, el psicoanalista Jaques Lacan y el lingüista Kerbrat- Orecchioni, entre otros.
Una mirada estructuralista
“Una mamá cuando presenta al mundo, habla, lo nombra, lo adjetiva, lo carga de sentido, habla introduciendo la arbitrariedad en su lenguaje, permitiendo que el bebé o el niño pequeño vaya construyendo su comprensión del lenguaje”. (Benveniste, E., 1997). Tanto a Manuel, como a todos los niños y niñas de este mundo, la mirada y la palabra materna afectan en el desarrollo de la psiquis en construcción y, por ende, en la adquisición del lenguaje materno.
La lingüística es una disciplina científica que estudia el lenguaje, su origen, evolución y estructura. Para comprender la fonoaudiología alternativa a la tradicional que se plantea, debemos posicionarnos desde la mirada estructuralista saussureana de la lingüística, que la autora aborda para desarrollar el principio de su terapéutica.
En principio, Un SIGNO lingüístico es una unidad de la lengua, que se compone por un significado (concepto) y un significante (imagen acústica), que materializa aquel significado a través del aparato fonador o de la escritura. Así mismo, Saussure establece la característica de la ARBITRARIEDAD del signo, como la unión convencional e inmotivada entre ambos componentes (sdo. y ste.). Esto significa que no hay una relación natural entre los sonidos que componen una palabra y el significado que transmite, sino a partir de las convenciones del sistema de la lengua.

En una primera instancia, la coordinadora de Fepi reinterpreta dicha ARBITRARIEDAD saussureana, ya no como un vínculo inmotivado, sino desde la mirada de Benveniste, como una arbitrariedad dada en relación a la cosa nominada, por fuera del signo lingüístico. “Si estuvieran unidos por una relación de arbitrariedad (el sdo. y ste.), se ataría el nombre a la cosa, produciendo una iconicidad, que estrecha el campo simbólico, la representación de la palabra”, establece Giuliani.

Además, la investigadora destaca la concepción del signo y comprende a la dualidad saussureana, el vínculo entre componentes del signo, como una unidad “indestructible”. Es decir, es imposible concebir la creación del lenguaje y su adquisición, separando el concepto o significado por un lado y la imagen acústica o significante, por el otro.

“Creo firmemente, - justifica la autora- que desde un primer momento el lenguaje ofrecido por un otro, llega al niño que va en búsqueda de la lengua como unidad, y que es esta condición de la unidad indestructible la que posibilita su adquisición”. El Otro es quien cumple la función materna o paterna para el niño en desarrollo, y le ofrece su lengua como un todo, no la palabra o el sonido por un lado, y los significados de dichos sonidos, por el otro.

A su vez, Giuliani articula su teoría a partir de otra característica del signo desarrollada por Saussure: el VALOR lingüístico. “El niño adquiere el lenguaje a medida que arma sus signos lingüísticos, uno en relación al otro, bajo el concepto de valor. No es el nombre ligado a la cosa, sino que la cosa es lo que la otra no es”. Es decir, una taza es por sus características, pero se arma porque no es un vaso, o un tazón. Esto se refiere al principio de OPOSICIÓN y DIFERENCIA saussureana.

Subjetividad del lenguaje
Para Giuliani, es esencial comprender que el estructuralismo es parte de la terapéutica, y que el desarrollo subjetivo del lenguaje es complementario, es decir, las diferentes miradas no se cancelan entre sí, sino que se completan la una con la otra.
“Al sostener una concepción estructuralista en la apropiación del lenguaje, se está colocando en el escenario de esa apropiación a otro que da lenguaje… el lugar de quien da el lenguaje se convierte en constructor del otro que se apropia”, establece la fonoaudióloga. Es decir, se comienza a tener en cuenta la función del Otro/persona que cumple con la función paterna o materna para aquel niño en construcción, y que le ofrece su lenguaje para que éste lo apropie.
“El lenguaje es Forma, no sustancia” en tanto “equivalente a simbolización”, a diferencia, a “ser en la diferencia entre términos”. Benveniste introduce el campo de la subjetividad en el lenguaje, siendo esta subjetividad la capacidad de un hablante de expresarse desde su punto de vista personal y de construir el mundo a través de las palabras.
Para hacerlo, el lingüista crea, en principio, dos lugares inherentes a todo acto comunicativo y que son complementarios: YO- TU. La prioridad se coloca en el yo, quien crea esos actos como algo exclusivamente singular y lingüístico, agrega Agamben, un filósofo italiano. Dichos lugares propuestos por el autor francés, “nos permiten transponer la conceptualización a la apropiación del lenguaje en bebés y niños”, pues quien cumple la función materna, es quien posee el lenguaje y ofrece su decir desde su propia subjetividad.
Estos lugares, y al decir de Lacan, son los emergentes de la personificación. “No hay yo si no hay tu”, pues la palabra es en la medida que está el otro. Y agrega que “el otro debe ser considerado primero como un lugar, el lugar desde donde se constituye la palabra”. Recordemos que es el otro quien nos ofrece la lengua. Por eso, al nombrar al mundo, al hacer uso del lenguaje, permite el emerger de todas las oposiciones que posibilitarán el armado conceptual de las cosas que nos rodean.

Ahora bien, apropiarse del lenguaje dado por un otro, según Giuliani, “lleva consigo lo paralingüístico: mirada, pausas y todo aquello que singulariza la relación entre ese bebé y la madre”. De esta manera, se entrama con el psicoanálisis, aportándonos otra forma de entender el lenguaje. Como lo explica Jerusalinsky, “invocar -al niño- es nombrar, es interpelar, es dar lugar, es crear ese lugar de futuro sujeto hablante, es dar la posibilidad de colocarlo en un lugar que le permita tomar la palabra… y es el modo en que la transmisión de la lengua se opere, lo que determina la posición del sujeto”.
Giuliani intenta diferenciar la “subjetividad en el lenguaje” para la lingüística y el psicoanálisis, entendiendo que se superponen conceptualmente y se diferencian claramente en algunos aspectos. “ La lengua es una abstracción, y al darla a su apropiación ya es discurso”. Como dice el filósofo Agamben en Signatura Rerum sobre el método (2009), “el hombre se constituye como sujeto en el lenguaje” y a través del mismo.” La subjetividad es la capacidad de situarse como un ego, que de ninguna manera puede definirse mediante un sentimiento mudo… sino solamente por la trascendencia del yo lingüístico de toda experiencia posible”. Es decir, el sujeto es en tanto se comunique.
Giuliani comprende que “la complejidad entramada entre lo biológico y lo psíquico en cada niño, tiene una signatura, una forma de lectura compleja y propia para cada niño. “En tanto que tiene una infancia, en tanto que no habla desde siempre, el hombre no puede entrar en la lengua como sistema de signos, sin transformarla radicalmente, sin constituirla en discurso”. La interdisciplina permitirá, según la fonoaudióloga, en la clínica que se pone en juego con cada niño, ir delineando los síntomas lingüísticos en el interior de cada uno, a través de los diferentes “planos simbólicos íntimamente ligados entre sí: lenguaje- juego- representación gráfica”.
En el consultorio
En el caso de los disfonemas, la fonoaudiología tradicional u ortofónica, busca lograr la “praxia”, es decir, el movimiento específico del aparato fonador para la producción de un sonido de la lengua (fonema). En esta concepción de la lengua/lenguaje, el aparato fonador -la boca, la lengua, los dientes, la musculatura, la laringe y las cuerdas vocales- es el protagonista.
La estrategia es la ejercitación “miofuncional”, y del resto de los órganos del aparato fonador. Este tipo de entrenamiento se focaliza en el movimiento de los músculos funcionales, como por ejemplo los encargados de la succión, deglución y fonación.

Por otro lado, las terapias estructuralistas que incluyen la posición subjetiva del lenguaje, priorizan el proceso de discriminación fonológica (no fonemática), es decir, la discriminación, en tanto diferenciación, de los signos lingüísticos. El objetivo terapéutico es construir el valor lingüístico, por ende, la discriminación es prioritaria frente a la praxia.
En este sentido, el lenguaje es concebido en el discurso y en la apropiación de la lengua, y no en una mera repetición de movimientos específicos y palabras. La terapéutica busca favorecer la diferenciación de los rasgos merismáticos, que instituyen al fonema a partir del significado del signo. En la ejercitación, se focaliza en la distinción sensorial: auditiva, sensoperceptiva y visual, abordado desde el concepto del signo como la unión del significado- significante.





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