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¿TRABAJANDO DURO O DURANDO EN EL TRABAJO?

  • Foto del escritor: Araceli Rivas
    Araceli Rivas
  • 19 nov 2025
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 25 nov 2025

Lo que nadie te cuenta de la experiencia laboral: estos son los hábitos que llevan a odiar el trabajo. La doctora en Psicología Solana Salessi realizó un experimento social para encontrar evidencias del rol que ocupa la satisfacción en el trabajo.

Escena de la película Shrek 2 en la que se infiltra en la fábrica de pociones
Escena de la película Shrek 2 en la que se infiltra en la fábrica de pociones

¿Te acordás de la icónica escena en la que Shrek, Burro y el Gato con Botas se infiltran en la fábrica de pociones del Hada Madrina? Entre frascos burbujeantes y etiquetas que prometen ser “felices para siempre”, Shrek busca una fórmula que lo haga encajar en un mundo que no lo quiere tal como es. La secuencia, divertida y caótica, refleja ese impulso de querer cambiar para agradar o para adaptarse a lo que los demás esperan de uno. En el trabajo pasa algo parecido, aunque sin varitas mágicas ni calderos. En lugar de pociones, lo que ayuda a sostener el ánimo y la motivación son herramientas como el capital psicológico y la regulación emocional. Saber manejar las emociones, creer en las propias capacidades y encontrarle sentido a lo que se hace son claves para disfrutar del trabajo sin perder autenticidad, incluso cuando el entorno se pone tan desafiante como una misión en el Reino de Muy Muy Lejano.


Haciendo cálculos con estadísticas del INDEC, podemos estimar que pasamos trabajando unas 100 mil horas a lo largo de la vida, un dato que invita a pensar en qué condiciones transitamos ese tiempo. En esa reflexión, la relación entre el capital psicológico, la regulación emocional y la satisfacción laboral se vuelve un tema central: entender cómo influyen estos factores puede marcar la diferencia entre vivir el trabajo como una carga o como un espacio de desarrollo personal. En 2017 la Doctora en Psicología Solana Salessi y la Especialista en Actitudes, Cogniciones y Comportamientos en el Trabajo Alicia Omar realizaron un estudio sobre el tema. ¿Se podría decir que al trabajo “hay que ponerle más onda”? Esta investigación viene a desmitificar la creencia de que siempre se puede aguantar un poco más, ya que el trabajo es lo que nos da de comer, trayendo a la mesa distintas comparaciones con análisis empíricos de casos reales, que demuestran que existe una tendencia a la deshumanización, que lleva, en casos extremos, a caer en un pozo profundo con respecto a la salud mental.


Cuando hablamos de “capital psicológico” nos referimos a “la suma de todas nuestras fortalezas y recursos” a la hora de pensar en una tarea desafiante. Se trata, en términos psicológicos, de todas esas herramientas con las que contamos previamente en nuestro interior: así como el capital en términos financieros, también existe un capital en términos mentales.


La gestión de las emociones


“Existe una tradición de quienes estudiaron en el campo de la administración y de la ingeniería que invitaba a pensar que las emociones quedaban de la puerta del trabajo para afuera y pertenecían al ámbito personal y privado”, explica Salessi, y es que, en efecto, el paradigma actual nos expone a descubrir que lo que hacemos y el resultado de lo que hacemos está totalmente vinculado a cómo nos estamos sintiendo. Hay un ejemplo sencillo, casi imperceptible y muy común para analizar la actitud: si uno se pone a escribir sin renglones, y lo que está escribiendo se va yendo para abajo, eso evidencia que no está teniendo pensamientos positivos o que el estado de ánimo no es el mejor; pero por el contrario, cuando lo que escribimos está derecho o se inclina hacia arriba, quiere decir que estamos frente a una actitud positiva. Si bien es cierto que hoy por hoy esto está cambiando, y que con el recambio generacional cada vez nos acercamos más a la idea de que la satisfacción en el trabajo deje de ser un privilegio para convertirse en un derecho, “la convivencia entre distintas culturas sigue enfrentando dificultades por las diferencias en los valores atribuidos al trabajo y en las expectativas que cada persona deposita en él".


Pero, ¿realmente expresamos nuestras emociones en el ámbito laboral, aún con las nuevas visiones sobre el trabajo? La respuesta es ambigua.


Salessi explica que la investigación arrojó dos vertientes principales sobre las que asumió una teoría: La afectividad y la emocionalidad de quienes trabajamos cumple un rol fundamental en los resultados organizacionales, en cómo nos desempeñamos, y cómo nos desenvolvemos. La investigadora explica que hay dos estrategias que se adoptan en el ámbito laboral, una de actuación profunda y otra superficial.

En la primera, las personas usan todos los recursos de su capital psicológico, lo que requiere de mucha más exigencia, motivación y perseverancia en el tiempo. En la segunda, en cambio, las personas demuestran por fuera algo que no está sucediendo dentro. Una sonrisa fingida, una pose, una simulación. No es raro escuchar: “Me fui al baño a llorar, volví, y seguí trabajando”. Este tipo de estrategias de actuación superficial, no pueden mantenerse en el largo plazo, y llorar en el baño no cambia, en el fondo, cómo nos sentimos.



“Quienes somos es tan importante como lo que sabemos” 

― Solana Salessi, Doctora y profesora en Psicología




La renuncia silenciosa


La llamada renuncia silenciosa es eso que sucede mientras nos quedamos en un lugar que ya no sentimos propio. Así como se dice que la mujer suele hacer el duelo durante la relación, es cierto también que hoy hay una marcada tendencia a la renuncia silenciosa. Esto es, hacer lo mínimo indispensable en el trabajo, tomar rencor o resentimiento con el o los empleadores, y en palabras de Salessi “quitarle el alma totalmente a lo que uno hace”.

Ocurre que la situación económica actual puede llevar a muchas personas a tolerar situaciones que suceden en sus trabajos por una necesidad muy básica y puntual, según lo explica la especialista, ya sea por cuestiones en las que el entorno las obliga a permanecer, o por dificultades internas no resueltas, en las que es más cómodo quedarse en la “zona de confort”.


En esta línea, un estudio realizado por Adecco sobre el Mercado Laboral argentino de este año arrojó que hay una alta rotación sobre todo en el sector comercial, tecnológico y de servicios, según indica el Informe de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Capital Humano. Las renuncias están estrechamente vinculadas con factores como la falta de actualización salarial, la escasa inversión en desarrollo profesional y el impacto de la automatización que no está emparejado con la capacitación del personal.


El síndrome de Burnout


Es importante detectar a tiempo las señales de que la estás pasando mal en tu trabajo y poder salir lo antes posible: cuando uno se siente agotado al inicio de la jornada, o termina extremadamente exhausto incluso frente a tareas que no exigen tanta demanda; cuando comienza a gestarse cierta insensibilidad interpersonal -en la que se empieza a sentir al otro como casi un objeto, que ya no importa, que incluye cierto cinismo o frialdad emocional- sobre todo en trabajos que requieren un contacto frecuente con otros, como un trabajador comercial, de la salud o del ámbito docente; o cuando uno empieza a sentir que ya no es capaz de realizar la tarea y comienza a perder el sentido de autoeficacia o la sensación de realización personal en lo que hace. Esos son indicadores claros de que algo no está bien. Que llevan a la persona que los sostiene en el tiempo a terminar teniendo el “Síndrome de Burnout”. O sea, ya está completamente quemada, porque hubo un desgaste y agotamiento extremos, explica la investigadora.


Según la OMS, cada año se pierden aproximadamente 12 mil millones de jornadas laborales por trastornos como depresión y ansiedad. Esto genera una pérdida de productividad estimada de 1 billón de dólares a escala global. El Síndrome de Burnout no es un problema individual, y se puede ver claramente reflejado:

“Los ambientes con cargas excesivas, inseguridad y falta de apoyo conducen a mayor ausentismo, menor eficacia y empeoran la salud de los trabajadores”, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Y hay más.


En Argentina, cerca de 9 de cada 10 trabajadores reportan haber sentido agotamiento emocional o síntomas de burnout. Y más de la mitad manifiesta “agotamiento extremo” como uno de los síntomas destacados, según un estudio de Bumeran de este año.


Sin embargo, no todo malestar implica llegar a ese punto, aclara Salessi. Hay quienes, aun enfrentando condiciones laborales difíciles, logran sostener el compromiso y el equilibrio gracias a un alto capital psicológico, es decir, a la confianza, la resiliencia y el optimismo que les permiten sobreponerse a la adversidad y encontrar sentido en lo que hacen.


¿Seguirá todo igual?


Después de la pandemia, quedó más clara que nunca la necesidad de priorizar el bienestar, escucharse y buscar un equilibrio real entre la vida personal y laboral. Sin embargo, lograrlo sigue siendo un desafío para la mayoría de las organizaciones. La satisfacción en el trabajo aún aparece como un privilegio y no como un estándar, algo que se evidencia en sellos como “Great Place to Work”, que destacan lo que, en realidad, debería ser una condición básica para cualquier empleo.


El Boletín de Estadísticas Laborales (BEL) del Ministerio de Capital Humano indica que más de la mitad de las empresas en Argentina hoy consideran que el equilibrio vida-trabajo es extremadamente importante para retener talento, aunque la conciliación de ambos aún siga siendo una búsqueda. Al final, el malestar laboral no es solo una estadística, es el reflejo de una cultura laboral que todavía mide el valor en horas y no en bienestar.



En conclusión… es elemental, mi querido Ramón, entender que no somos lo que producimos sino que producimos y reproducimos LO QUE SOMOS. Si somos más felices en nuestro lugar de trabajo, posiblemente los resultados obtenidos sean mucho mejores. Y puede que comprender esto, sea el primer paso para empezar a cambiarlo.




FUENTES


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